Hervé Fischer

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Artista multimedia y filósofo, nació en Paris y vive actualmente en Montreal, Canadá. Es cofundador y copresidente de la Cité des arts et des nouvelles Technologies de Montreal. Entre sus numerosos proyectos, podemos citar que ha sido el responsable de la exposición y el concurso internacional de animación digital Images du futur entre 1986 y 1997, creador del Festival Telescience en 1990 y su director general hasta el 2002, creador del Marché international du multimédia en 1993, del Café électronique y de Cybermonde en 1995. Ha sido también el cofundador y presidente de la Fédération internationale des associations de multimédia y de Science pour tous en 1997. Fischer fue profesor de Sociología de la Cultura en La Sorbonne, Francia. Es autor, además, de numerosos libros, entre ellos: Arte y Comunicación marginal de 1974; L’Histoire de l’art est terminée de 1981; La calle ¿Adonde llega? de 1984; Mythanalyse du futur,libro digital lanzado en Internet en el año 2000; El choque digital, de 2001 (publicado en español por Editorial UNTREF en 2003); Le romantisme numériquede 2002; CiberPrometeo de 2003 (publicado en español por Editorial UNTREF en 2005); La planète hyper: de la pensée linéaire à la pensée en arabesque de 2004;Nous serons des dieux de 2006; y La société sur le divan- éléments de mythanalysede 2007.

La siguiente entrevista fue realizada mediante un intercambio de correos electrónicos entre Ricardo Dal Farra y Hervé Fischer entre febrero y abril de 2008.

Idioma original: 
Español
Fecha de Publicación: 
16/05/2008
¿Qué es investigación en arte?

Si no hablamos solamente del arte “espontáneo” o del arte comercial, sino realmente de la investigación-creación en arte, entiendo que es filosófica y sociológica o mitoanalítica primero. Me refiero así a las preguntas y a las hipótesis dirigidas a rasgos estructurales, estéticos (la percepción, la sensibilidad), políticos o sociológicos de la imagen que tenemos del mundo. Nos preguntamos ¿Cuál es mi imagen del mundo, de mi sociedad? ¿Cómo la imagino? ¿Por qué es así? ¿Qué significa?
En segundo lugar viene el problema de la expresión plástica, ya sea visual, musical o multimedia. La investigación apunta allí a precisar cual es la mejor expresión, las más pertinente y eficaz para representar iconicamente esta imagen del mundo. Hay dos opciones, una que consiste en adherirse a esta nueva sensibilidad, a sumergirse en ella, y a ponerla en escena explícita y expresivamente. La otra opción –y es la que yo adopto- es una expresión crítica y distanciada de esta misma imagen del mundo, bajo un ángulo sociológico, filosófico, estructural, estético, etc., sin perder ni un ápice de la exigencia y la eficacia icónica. Así, en mi caso, luego de varios años, preferí regresar a la pintura para representar y cuestionar al mundo digital. Esto responde mejor a mi opción crítica/icónica permitiéndome tomar distancia, y detenerme sobre la imagen, evitando así el flujo incesante e invasor de la canilla digital de píxeles.

¿Nos podría dar su definición de media arts?

El arte es un medio en sí mismo, sea antiguo o contemporáneo. No se plantea nada nuevo entonces con el concepto de media arts.
Si la pregunta toca el fenómeno de los medios masivos de comunicación o de  los medios digitales de comunicación que hoy nos sirven y también nos hostigan, claro que se trata de un aspecto muy importante de la imagen del mundo de hoy, y eso le interesa a los artistas actuales. Hay que explorarlo e investigarlo. Pero no veo la necesitad de dar una definición exclusiva para las media arts.
Pero comunicar por comunicar, o pretender trabajar sobre la estética de la comunicación me parece que no tiene sentido. Hay demasiada comunicación en el mundo de hoy. Y esa inflación reduce a la vez su poder, y la convierte en una verdadera polución espiritual. Lo que cuenta son los contenidos y no los sentimientos de estar conectados a los cuerpos sociales. Yo rechazo entonces la idea de McLuhan, en su tiempo un crítico genial, considerando que en la actualidad se ha hecho evidente el efecto perverso de: el medio, es el mensaje. No, el mensaje es otra cosa, y es mucho mas que el medio o soporte, incluso si éste tiene eventualmente un efecto importante sobre el contenido, o hasta si son inseparables.
Los medios son como la energía y los contenidos como la materia, y forman una pareja inseparable. Pero, para pensar, hay que detenerse, parar de bailar. Hay que detenerse sobre la imagen. El movimiento destruye la forma y la agitación del medio destruye el contenido. Es interesante, pero difícil de explicar la dinámica de esta pareja. Esto es lo que han intentado hacer los artistas futuristas, condensando iconicamente materia y energía, forma y velocidad.

¿Cómo piensa que las media arts se distinguen del resto de las artes?

No se distinguen en sus intenciones, sino que tratan de una problemática específica que es la invasión de los medios digitales masivos de comunicación  de hoy, en tanto que modifican el imaginario de nuestra cosmogonía. Vemos al universo como un sistema de informaciones digitales dependientes de algoritmos ontológicos, o a la sociedad como un complejo de redes de información. Esa nueva metáfora, que reemplaza a las metáforas precedentes apoyadas en dioses, organismos o mecanismos, me interesa profundamente como filósofo o sociólogo o mitoanalista y también como artista.

¿Existe realmente la colaboración entre arte, ciencia y nuevas tecnologías? Y en tal caso ¿Para qué sirve?

Mi respuesta es personal. Necesito del doble enfoque de la investigación considerando a los dos hemisferios del cerebro: desde lo conceptual y desde lo intuitivo o sensible, es decir, el abordaje desde lo filosófico y el abordaje del artista. Hoy es más y más evidente que la ciencia construye un vínculo de dependencia con la tecnología, y que las tecnologías se volvieron digitales. A partir de allí podemos hablar de: tecnociencia. Entonces, ¿cuál es la relación entre arte y tecnociencia? No es cuestión de establecer cualquier necesidad para construir esa relación. Pero es importante que los artistas se interroguen sobre la imagen del mundo que aparece cada vez más como tecnocientífica (antes fue divina, mágica, religiosa, orgánica, fundada en la alquimia, materialista, aleatoria, mecánica, etc.). Pensamos hoy que la tecnocienca tiene el papel de “motor” de la evolución humana. Es un tema central de nuestra representación del mundo actual. El encuentro entre investigación artística y tecnocientífica se limita hasta hoy meramente a un flirt o a una intención, pero que tiene valor y se podrá desarrollar.  Los imaginarios científicos, digitales y artísticos confluyen cada vez más. Es cada vez menos aceptable la legimitidad de oponer a la naturaleza, la tecnología y la cultura. Yo creo que son tres aspectos inseparables de nuestra imagen del mundo. 
Por lo tanto, no se puede ignorar que nuestra imagen del mundo de hoy y de nuestras sociedades humanas también están cada vez más ligadas a lo económico y lo financiero. Es parte de nuestra nueva naturaleza, así la llamo. Ese tema no se consideraba en el entorno del arte, porque la economía y el dinero parecen triviales, sin imaginación o poesía. Pero si se explora la cuestión, nos encontramos con ideas psicoanalíticas interesantes sobre las inversiones y el dinero, o sobre lo que podemos llamar la economia libidinal. Ya antes he hablado de la aparición, cada vez mas clara, de la economía imaginaria, la i-economía (en El choque digital, publicado por UNTREF en 2003). La economía y el dinero tienen un papel fundamental y determinante en nuestra vida de hoy. La “meteorología” de Wall Street se volvió mas importante que la del sol y el viento. Por eso es un tema central de mi trabajo como artista desde hace unos diez años.

¿Cuál es el público de las media arts?

Hay tres tipos de público. Uno es activo e iniciado, pero muy marginal. Es el que visita las exposiciones en las galerías y los museos de arte actual. Es un público de laboratorio, en el sentido de laboratorio a puertas abiertas. Son los artistas mismos que conforman su propio público. Paradojicamente, las llamadas media arts, no se comunican con el gran público.
Hay un segundo tipo de público, más numeroso. Es el público que se interesa por artistas como Lozano-Hemmer, con sus juegos de láser comandados interactivamente a distancia por diferentes participantes, o de Eduardo Kac, cuando firma el conejo transformado geneticamente en los laboratorios del INRIA, en Francia. Estos artistas generan una toma de conciencia crítica o un debate social sobre la edad de las redes digitales o sobre los OMG (organismos modificados geneticamente) y los retos de la tecnociencia. Los ecos en los medios acerca de la creación de la oveja Dolly, clonada en el Roslin Institute de Edinburgo, son también eficaces e interesantes, más allá de que se lo considere arte.
El tercer tipo de público es pasivo pero el de mayor número. Es el que encuentra a las artes digitales, también llamadas “mediáticas”, en la ruidosa confusión de los medios masivos donde se diluyen. Es un arte digital que se hibrida en la cultura del consumo y del entretenimiento. Y de ese modo, hay siempre una forma de arte de la corte, de las fiestas, de las celebraciones públicas o corporativas.

Entre los proyectos que ha realizado ¿Cuáles son los que usted ve retrospectivamente con mayor interés?

Lo que me ha interesado, y en lo que además me he comprometido especialmente, puedo incluirlo en un listado:
- La teoría y práctica del arte sociológico en los años 70.
- La investigación y el desarrollo del mitoanálisis desde los años 80.
- La creación de la Cité des arts et des nouvelles Technologiesen Montréal en 1985.
- El paradójico retorno a la pintura para explorar al mundo digital, tecnocientifico y financiero en 1998.
- Mi doble vida, híbrida, de filósofo y artista.

¿Cómo veía la colaboración entre arte y tecnología 20 años atrás y cuál es su visión crítica  sobre este tema hoy?

Han pasado más de 20 años desde mi experiencia Marco Polo, una novela telemática co-escrita por 11 autores -trabajando a distancia, vía módem, entre África, Europa y Canadá- coordinada con Umberto Eco e Italo Calvino, en 1984. También han pasado años desde la serie de exposiciones: Images du futur. Toda esa época fue de entusiasmo y exploración como pionero, interesado por cualquier investigación y novedad digital. Hoy soy, ciertamente, mucho más exigente en lo que hace a la calidad estética y el contenido de las artes digitales. Hay mucha repetición en relación con los años 80. El progreso de las tecnologías digitales no garantiza una mayor calidad de las obras, y de hecho frecuentemente sucede lo contrario. La noción de progreso no es pertinente en arte, mientras que sí es válida para las tecnologías. Explorar los lenguajes digitales sigue siendo apasionante. Pero no es siempre la computadora quien mejor habla de sí misma. De tal modo, el pincel puede ser un tema artístico apasionante también. Y ha estado en la caligrafía, en el arte gestual, etc., pero limitarse es una elección que puede resultar anecdótica en relación con los grandes interrogantes sobre nuestra imagen del mundo, los que a mi me fascinan especialmente. 
Por otra parte, yo estoy sumamente preocupado por ver el desarrollo de una cultura digital tan efímera, condenada a una simple documentación y al olvido. Nos estamos enfrentando con una creación artística sin memoria. Como lo he dicho en mi libro El choque digital (publicado por UNTREF en 2003) a través de una de las leyes paradójicas que allí planteaba: cuanto más compleja es la tecnología, mayor es su fragilidad y más efímera su memoria. En la época de la tradición oral, cultivábamos la memoria. Hoy nos cubrimos con los discos rígidos ¡Qué gran error! Lo digital tiene virtudes mágicas para el acceso, pero es una miserable ilusión en lo que hace a la conservación.

Con respecto a su trabajo de investigación sobre las media arts en el mundo ¿Podría identificar cinco iniciativas (proyectos artísticos, organizaciones, etc.) que considere que "marcan una diferencia" en este campo?

Es demasiado pronto para hacer una selección. Hay muchos y muchas.

... acerca del futuro del arte que emplea nuevas tecnologías ¿Qué ve allí? ¿Y qué le gustaría ver?

Es el tema del libro que estoy escribiendo ahora.